A ti que llegaste muerto de miedo y te preguntaste cómo pudiste dejar tantas cosas atrás,
a ti que según dejabas tu primera maleta te preguntaste quién demonios te mandaría a viajar hasta allí,
a ti que viviste los mejores años de tu vida,
a ti que hiciste los mejores amigos que podías hacer,
a ti que no viviste tu primer año universitario sino tu GRAN año en mayúsculas,
a ti que hiciste de tus amigos una nueva familia,
a ti que dudaste de más de una vez si tú y tus amigos tenían más de 5 años,
a ti que pasabas las horas muertas pensando en el mejor plan para liársela a tus amigos,
a ti que no pensaste en poder vivir tanto surrealismo junto en una noche,
a ti que, sin hacer nada, te daban las 5 de la mañana un día sí y otro también,
a ti que inundar las habitaciones de tus amigos o ponerlas patas arriba se convirtió en tu pasatiempos preferido,
a ti que viviste con el miedo de que pusieran el cuarto al revés,
a ti que pensaste que algún morirías de hambre,
a ti que aprendiste que las reservas de comida de tu cuarto eran tu mejor tesoro,
a ti que estuviste enfermo y te preguntaste por qué no estaría mamá,
a ti que no entendiste cómo por primera vez en tu vida no quisiste que el curso se acabara,
a ti que tampoco entiendes cómo ocurrió pero querías que acabaran las vacaciones para poder volver,
a ti que volver a casa se te hacía extraño,
a ti que descubriste que podías vivir tu solito perfectamente,
a ti que descubriste que maduraste más en un par de meses que en toda tu vida,
a ti que aprendiste a convivir 24 horas al día y salir con vida,
a ti que supiste hacer de cuatro paredes los mejores recuerdos,
a ti que no dudarías un segundo en volver a elegirlo todo de nuevo,
a ti que no se te habría ocurrido una forma mejor de vivir estos años,
a ti que me entiendes,
a ti que has vivido en un Colegio Mayor,
pero, sobre todo,
a ti que piensas que si no hubieras estado allí te arrepentirías toda la vida.
23 de noviembre de 2013
14 de noviembre de 2013
la ficción supera la realidad
De ahí que
muchas veces queramos fugarnos a un mundo paralelo, ponernos canciones de
tiempos mejores, o aquellas cuya letra y melodía nos evoca la ficción que
desearíamos. Pero en algún momento tenemos que sacar la cabeza a ese mundo tan
hostil al que odiamos, el causante de nuestra más dolorosa frustración…
Espérate. ¿Has mirado bien? Sé de sobra que no siempre las cosas nos llevan la
razón y menos aún salen como nosotros quieren, pero ahora estoy segura que
cuando algo termina, cuando algo falla, cuando esa realidad cambia o ni
siquiera se llega a producir, la vida sigue. Siguen ocurriendo cosas, sigue
esta locura tan brillante, y aunque no sea instantáneo (ahí entra la habilidad
de cada uno de sobreponerse con mayor o menos velocidad) sabremos que esa
realidad no era tan imprescindible si es que no se ha quitado su vestimenta de
ficción para bajar a nuestras aceras mojadas por la lluvia de otoño, de
invierno, de primavera y de verano. Porque resulta que, tras las nubes, siempre
está el Sol.
Igual
desilusiona que en nuestra imaginación quepan sucesos que no alcanzan la
realidad tornándola más dulce, pero personalmente, prefiero la realidad, aunque
sea inamovible, porque es precisamente eso lo que me da fuerzas para levantarme
cada día pensando en ti, en esta realidad plural: nosotros.
¿Quién dijo miedo?
Está
demostrado que el miedo reside en el cerebro, como casi todo lo que ‘tenemos’
en la vida por la que sólo estamos de paso, por eso, mi primera razón para no
tener miedo es que la vida es demasiado corta y desafortunadamente a veces
dolorosa como para regarla con un miedo cerebral que nace de la inconsciencia
de su víctima. Exacto, porque el miedo nace del desconocimiento, bueno, dirían
los psiquiatras que también de la exposición a situaciones sobre la que no
tenemos un control propio… pero sigue siendo más de lo mismo desconocemos la
forma de controlarlo. Y como en esta vida de distracciones virtuales no se
puede saber todo, tenemos miedo. Pero hay miedos que podemos evitar, conociendo
aquello que nos echa para atrás con una especie de magia negra. La misma magia
es el desconocimiento del truco del mago, pero esta magia no es de la que me
hace sentir el estómago flotar cuando te veo aparecer por la boca de metro, ni
la que respiro cuando noto moverse el tren de camino a mi ciudad, no es la
magia que desayuno un seis de enero, ni la que inyecta en sangre mis pupilas
cuando te beso con los ojos cerrados… por eso hay que arrancarla, y conocer
aquello que nos da miedo. Puedes hacerlo como quieras, sólo, acompañado, con Campanilla… pero hazlo.
¿Miedo a
equivocarnos? No pasa nada, volvemos a intentarlo, de todo se aprende.
¿Miedo a
lo que piensen? Yo ya tengo cosas más importantes en las que pensar.
¿Miedo a
encontrarse? Más te vale llevarte bien contigo mismo, pues tendrás que
aguantarte toda tu vida.
¿Miedo al
fracaso? Puedes fallar, pero el único fracaso es morir sin haber vivido, sin
haber vencido el miedo a vivir.
¿Miedo a
lo desconocido? Sapere aude. Atrévete a saber.
¿Miedo a
caer? Aprende a levantarte.
7 de noviembre de 2013
Ha salido el sol, porque tú me has mirado.
Pero las
frases bonitas sólo hacen amores de verano, por eso yo quiero más. Llámame
exigente si quieres, pero estas son mis reglas del juego, un juego al que
quiero seguir jugando, un juego que sea divertido…en fin, lo que viene siendo
un juego. Por eso no te voy a pedir nada, sino que vas tú a invadirme, tú vas a
llenar mis horas, a colarte en mi mente, a meterte en mis pensamientos antes de
que llegue a saber que los estoy formando, a saber qué me pasa sólo con
mirarme, a decirme una cosa sin abrir la puñetera boca. Tú vas a hacer que mi
vida no pueda seguir si no te tengo cerca, aunque no seas imprescindible; me
refiero a que tú vas a removerme la vida. Sí, ese es el sueño que amaré
condenar a muerte a fin de que se cumpla. Tú me vas a llenar de calma durante
los truenos de la tormenta, y me vas a llevar a la playa a jugar con la arena.
Vas a hacerme pensar y escribir, y fotografiar instantes memorables o
simplemente de los dos. Tú vas a ser fuerte y me vas a hacer fuerte. Tú vas a
dejarte de lunas cuando me mires a los ojos, hasta que llegue la aurora. Tú vas
a ser siempre el mismo, el mismo, el mismo; incansable, incesable,
infranqueable, indescifrable y extremadamente complicado a tu sutil manera de
serlo. Tú vas a hacerme reír hasta que no pueda más, y también me harás llorar
a veces aunque no quiera, y me vas a hacer quererte aun más con tonterías y
carantoñas. Tú vas a llevarme de viaje, a Egipto, a Grecia, o a la vuelta de la
esquina donde ver las estrellas desde el coche. Vas a quererme. Y si no pues
tampoco pasa nada, que dicen que el hombre puede volver a enamorarse muchas
veces en su vida. ¿Te atreves?
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