14 de noviembre de 2013

¿Quién dijo miedo?

Está demostrado que el miedo reside en el cerebro, como casi todo lo que ‘tenemos’ en la vida por la que sólo estamos de paso, por eso, mi primera razón para no tener miedo es que la vida es demasiado corta y desafortunadamente a veces dolorosa como para regarla con un miedo cerebral que nace de la inconsciencia de su víctima. Exacto, porque el miedo nace del desconocimiento, bueno, dirían los psiquiatras que también de la exposición a situaciones sobre la que no tenemos un control propio… pero sigue siendo más de lo mismo desconocemos la forma de controlarlo. Y como en esta vida de distracciones virtuales no se puede saber todo, tenemos miedo. Pero hay miedos que podemos evitar, conociendo aquello que nos echa para atrás con una especie de magia negra. La misma magia es el desconocimiento del truco del mago, pero esta magia no es de la que me hace sentir el estómago flotar cuando te veo aparecer por la boca de metro, ni la que respiro cuando noto moverse el tren de camino a mi ciudad, no es la magia que desayuno un seis de enero, ni la que inyecta en sangre mis pupilas cuando te beso con los ojos cerrados… por eso hay que arrancarla, y conocer aquello que nos da miedo. Puedes hacerlo como quieras,  sólo, acompañado, con Campanilla… pero hazlo.

¿Miedo a equivocarnos? No pasa nada, volvemos a intentarlo, de todo se aprende.
¿Miedo a lo que piensen? Yo ya tengo cosas más importantes en las que pensar.
¿Miedo a encontrarse? Más te vale llevarte bien contigo mismo, pues tendrás que aguantarte toda tu vida.
¿Miedo al fracaso? Puedes fallar, pero el único fracaso es morir sin haber vivido, sin haber vencido el miedo a vivir.
¿Miedo a lo desconocido? Sapere aude. Atrévete a saber.
¿Miedo a caer? Aprende a levantarte.

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